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Què és això de la filosofia

La filosofia és l'esforç per pensar, una i altra vegada, els problemes permanents dels éssers humans: Com puc ser feliç? Què és el bé? Existeix la justícia? Puc arribar a ser lliure? Té un sentit la vida? Què puc arribar a conèixer?... Si renunciem a pensar altres s'encarregaran de fer-ho per nosaltres, ens ensenyaran què hem de pensar i què hem de creure. Però, què significa pensar per un mateix? És que no penseu ja? Sí, però amb això no n'hi ha prou. Què som tots matemàtics des del moment que aprenem a comptar amb els dits?; o prosistes, ja que parlem en prosa? Sí i no! Per pensar filosòficament cal reflexionar amb rigor i en profunditat; i això significa que hem d'aprendre a filosofar... I ho hem de fer reconeixent que ens han d'interessar més els problemes i les preguntes que les respostes, perquè no hi ha veritats tancades ni una saviesa establerta.

Per això, quan un amic va admirar la saviesa de Pitàgores aquest va reconèixer que la saviesa és, en tot cas, propietat de Déu i que els éssers humans només podem ser filòsofs, amants de la saviesa.

És en la recerca d’aquesta saviesa mai plenament abastada on es desenvolupa l’activitat pròpia del filòsof. Una activitat que té també molt d’actitud, perquè no és fàcil acceptar que no se sap, tampoc estem massa acostumats a mirar les coses amb atenció i des de diversos punts de vista,... Però el més difícil és trencar amb els pre-judicis propis, de vegada molt arrelats, que de vegades imposen els hàbits i costums. Acceptar, mirar, trencar per a què? Per apropar-nos d’una manera diferent a tot allò que interessa i preocupa els éssers humans. Per tornar a l'origen, al món que descriu García Márquez en Cien años de soledad: "El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".

I per què cal tornar a l'origen, us preguntareu, si el món ja ens està bé com és? No es tracta de mirar enrere perquè sí, ni amb ulls enyorats... Deia Kierkegaard que "la vida es viu cap endavant però només es comprèn mirant enrere". Cal mirar enrere per recuperar l'autèntic valor de les coses, reestablir la forma com ens relacionem amb elles i reconsiderar la manera com ens comuniquem. Per què? Perquè qui no pot canviar els seus pensaments no pot canviar el seu destí. El "sóc així i punt" és l'expressió més antifilosòfica que es pot dir. Allí on alguns posen el punt, comença justament la filosofia.

Fiesta del pensar

Manuel Cruz signa un article d'opinió a El País del dia 18 de gener de 2015 que reivindica el paper de la filosofia i presenta una col·lecció de El PAÍS on revisa els grans filòsofs:

El filósofo reflexiona sobre cualquier cosa, pero no de cualquier manera. No existen temas específicamente filosóficos, sino un tratamiento filosófico de casi cualquier tema. El filósofo no ve más que los demás (no tiene el equivalente a rayos X en los ojos ni a ningún otro poder extrasensorial): ve lo mismo que todo el mundo, se maneja, al igual que los demás, con las solas herramientas de su razón y su palabra, pero posa su mirada en aspectos que al común de la gente, entretenida en sus afanes y urgencias, le suelen pasar desapercibidos. Y así. De este tipo de consideraciones, familiares para muchos y a las que sin esfuerzo se le podrían sumar otras de parecido tenor, planteadas por clásicos de la filosofía (¿quién no se ha tropezado alguna vez con las citas "todo hombre es filósofo", de Gramsci, "la filosofía enseña a la mosca la salida del frasco", de Wittgenstein, o "la filosofía es un gran caer en la cuenta", de Ortega, por mencionar solo algunas de las más célebres?), se acostumbra a extraer como conclusión destacada la de que el discurso filosófico no es algo abstruso y alejado del mundo real, sino algo perfectamente comprensible y próximo.

La conclusión es correcta en lo sustancial, pero insuficiente. Es verdad, pero no toda la verdad. La filosofía tiene más de destino que de posibilidad, de necesidad más que de opción. En efecto, no se puede no pensar. Lo único que está en nuestras manos es la decisión de hacerlo mejor o peor, por cuenta propia o ajena, de manera crítica o resignándonos al triste papel de ponerle la segunda voz -una especie de eco derrotado- a lo que pasa. Nuestro mundo por entero está amasado de pensamiento, empastado con una espesa argamasa de nociones, valores, ideas y supuestos que le conceden su carácter particular, que provocan que se nos aparezca en la forma en que lo hace, como cargado de sentido o como perfectamente absurdo. Pero tanto una posibilidad como otra -como la infinidad de intermedias que se podría plantear- son declinaciones del pensamiento, derivadas ineludibles de nuestra condición de seres racionales.

En ese sentido, la filosofía ha estado siempre en todas partes porque constituye un elemento básico de lo real. Cuando se dice que hay películas filosóficas, novelas filosóficas, obras de teatro filosóficas o incluso canciones filosóficas (pienso en Franco Battiato, obviamente, pero sin esfuerzo podría mencionar a bastantes más) no se está describiendo una cualidad sino un grado. La actitud, pongamos por caso, del que se proclama de vuelta de todo y desdeña con pseudo-argumentos del tipo: "desengáñate, así funcionan las cosas: todo el mundo va a la suya" a quienes defienden la importancia de la ética en la vida pública, responde a un conjunto de convicciones de fondo tan cargadas de valor como las que afirma despreciar. Lo que le ocurre a semejante individuo es que, tan vergonzante como ignorante, se niega a reconocer y a defender en voz alta la naturaleza de los valores que en la práctica ha escogido.

Las diferencias entre filósofos tienen que ver, en definitiva, con las diferentes realidades en las que han vivido, desde la de la antigua Grecia a la del mundo contemporáneo, y con las actitudes que frente a ellas han ido adoptando. Pero si de todos podemos predicar la común condición de filósofos es porque comparten la voluntad de protagonizar sus existencias desde un determinado punto de vista, el de la inteligencia, y de ofrecer a los lectores de sus textos los materiales para que también puedan hacerlo, esto es, para que puedan correr la misma aventura.

Probablemente en el momento actual, en el que la filosofía más institucionalizada, la que se enseña en institutos y facultades universitarias, está sufriendo los reiterados ataques de unas autoridades educativas poco merecedoras de dicho nombre (de ninguna de las dos palabras que lo componen, en realidad), resulte más conveniente que nunca echar la vista atrás y convocar en nuestra ayuda a quienes nos precedieron en el uso de la palabra y del pensamiento. La lección que extraeremos, la que han ido destilando para nosotros, lectores, los autores de los diferentes volúmenes de la serie cuya publicación inicia EL PAÍS el próximo domingo (especialistas tan acreditados por su conocimiento de los filósofos de los que hablan como por su capacidad para la comunicación), es no solo la de lo que podríamos llamar, parafraseando a Nietzsche, la utilidad de la filosofía para la vida, sino la de que la filosofía en cuanto tal, el pensar mismo, es una fiesta, un fogonazo de luz en medio de la cerrada noche de la mediocridad y la ignorancia. Una de las intensidades mayores que le ha sido dada al ser humano. Sin el menor género de dudas (y que Descartes me perdone).

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/13/actualidad/1421170151_779350.html

Esa mirada inocente sobre el mundo

El mestre Emilio Lledó i el deixeble Manuel Cruz parlen del passat, la vida, l'esperança i l'ensenyament en els vells anys del franquisme. El país, 9 d'abril de 2015: 

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/07/babelia/1428405229_342424.html

A Emilio Lledó (Sevilla, 1927)le otorgaron, a finales de 2014, tantos premios que el profesor sintió que se habían equivocado de destinatario . Le dieron el premio de los editores españoles, el Premio Nacional de las Letras y el Henríquez Ureña de la Academia Mexicana de la Lengua. Él es académico de la Española y ha tenido a lo largo de su vida un número incontable de discípulos. Entre ellos, el también filósofo Manuel Cruz (Barcelona, 1951), con quien dialoga para Babelia sobre el aprendizaje y el magisterio, y sobre esta época como heredera de una que aún pesa mucho, el franquismo.

PREGUNTA. ¿Qué es un maestro? ¿Cómo se aprende?

MANUEL CRUZ. Creo que cuando conoces a un profesor, el vínculo que se establece con él no es el de maestro, sino el de profesor. De un profesor se admira su sabiduría, su deslumbrante información. La relación tiene que ver con el conocimiento. Con el paso del tiempo, cuando el alumno ya no es del todo ignorante sigue valorando el conocimiento, pero ya está en condiciones de apreciar otras cosas.

Es en ese momento cuando el alumno empieza a darse cuenta de que esa persona, además de tener mucha información y de saber mucho, tiene otras cualidades. El modo de entender y la relación que tiene con la filosofía, con el pensamiento, y el modo en que va por la vida con todo esto. Lo empieza a identificar como maestro cuando empieza a ver en él cosas que cuando eres joven no estás en condiciones de ver. Cómo vive un filósofo no pueden apreciarlo hasta más tarde.

EMILIO LLEDÓ. Me haces evocar nuestra propia historia en un contexto muy curioso. Nunca he tenido conciencia de lo que es la maestría, pero lo que acaba de decir Manolo me lo ha puesto en la memoria, tus palabras me evocan qué es lo que yo era para mí mismo y no tengo conciencia de ello. No tengo conciencia como maestro, sino como profesor que iba a cumplir una misión determinada, una función, una obligación, un trabajo en definitiva.

Sí es verdad que quise hacer de ese trabajo algo distinto a lo que yo había encontrado en la universidad de Madrid en la que me formé. Yo estaba lleno de entusiasmo porque en la experiencia de la universidad franquista que padecí flotaron dos o tres figuras muy respetables, y en el campo de la filología clásica, figuras de primerísima fila.

Suspendí la primera cátedra a la Universidad de Valencia; a los pocos meses conseguí la de La Laguna y llegué allí con unas ganas enormes de captar mi ser, mi función. Tengo que recordar una anécdota con Delibes. Montse [su esposa] y yo ya teníamos casa en Madrid y La Laguna nos parecía que estaba muy lejos. Delibes me dijo: “Lejos, ¿de dónde?”.

No tengo conciencia como maestro, sino como profesor que iba a cumplir una misión determinada, una función, una obligación”

E. Lledó

No lo dudamos desde luego y los tres años en La Laguna fueron inolvidables, me encontré con un calor, un eco y una acogida maravillosos. Me di cuenta de que yo quería a aquellos jóvenes que se sentaban frente a mí y que ellos me querían. Aquellos años no publiqué ni una línea, sólo preparaba las clases, me enrollaba, valga la expresión, y creo que unas de las mejores clases que he dado han estado inspiradas en aquella preparación previa, totalmente distintas de las demás.

P. ¿Qué quiso enseñar usted, don Emilio?

E. LL. En los años de comunes,Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos , como pomposamente se llamaba la disciplina. Pero lo que quería era abrir el riquísimo horizonte que la filosofía arrastra. Quería enseñar lo mejor que sabía.

Claro, en esa enseñanza se transmitía lo que yo era, un hombre con 36-37 años con 10 años de experiencia en la Universidad de Heidelberg; jugaba con mucha ventaja, y no porque hubiera aprendido muchas cosas que mecánicamente transmitiera a mis alumnos, era totalmente ajeno a esa idea. Pero fue un shockencontrarme con la vieja Universidad de Heidelberg en 1953, llena de novedad, donde no había asignaturas, donde los profesores hablaban cada semestre de temas distintos dentro de su especialidad con total libertad.

Se ve que cuando llegué ya llevaba ese espíritu, esa inquietud, y me sentí entusiasmado. Me fui al acabar el servicio militar, con 53 kilos de peso y con una maleta de cartón con las esquinas metálicas.

M. C. El maestro emerge tarde, como decía. El maestro era un modelo con otra forma de hacer las cosas para entender la filosofía, pero también para transmitirla, para enseñarla. Es lo que en primera instancia nos llamaba la atención, otra forma de enseñar filosofía, el no estar pegado al programa de la asignatura; él se quejaba mucho del “asignaturismo”, era como remover las fichas del dominó y transmitir lo que sabía de otra manera, todo distinto. La transmisión del saber.

Con el tiempo te llama la atención una constante que aún se mantiene en él, esa mirada inocente sobre el mundo, que no ingenua. Una mirada limpia, desprejuiciada en la medida de lo posible; eso es lo que nos llamaba la atención porque no lo encontrábamos en otros profesores.

Se repite mucho la frase “no se enseña filosofía, se enseña a filosofar”, pero nadie explica en qué consiste enseñar a filosofar. Pues nosotros a lo que asistíamos era al ejercicio vivo del filosofar. Es lo que sale tiempo después, te das cuenta de que en la gente que ha estado en sus clases ha quedado una memoria viva de esas clases, y que no existe la misma memoria ni con la misma intensidad con otros profesores.

Se empieza a identificar a un maestro cuando ves cosas en él que de joven no estás en condiciones de ver”

M. Cruz

Fue una experiencia del filosofar realmente impactante para nosotros. Creo que es lo que ha quedado en toda la gente que estuvo en sus clases.

P. ¿Se siente reconocido con esa mirada inocente?

E. LL. Tendríamos que pensar qué significa esa inocencia. Aunque Manolo lo ha querido evitar, también había una cierta ingenuidad, sinceridad o sencillez.

La idea del profesor que se sube a la tarima e impone cosas siempre me ha parecido repugnante, no iba conmigo, con mi manera de ser. Me escandaliza que algún político de nuestro país diga que al profesor hay que darle autoridad: la autoridad se la gana uno mismo, enseñando cómo es él en la manera de entender la materia que tiene que transmitir.

Es verdad que yo tenía esa inocencia porque me sentía parte de una pequeña familia mientras duraba la clase, aunque los alumnos casi siempre estuvieran callados. Éramos una familia que nos queríamos, en la que yo hacía funciones de padre o hermano mayor que enseñaba algo que a mí me interesaba y que me parecía fundamental para que ellos se enriquecieran. Era un transmisor (con mayor o menor fortuna) de ese enriquecimiento.

M. C. Está muy bien traído lo de la ­autoridad porque la gran diferencia entre autoridad y poder es que la autoridad te la atribuyen, no puedes decir que tienes autoridad, pero sí puedes decir que tienes poder. La autoridad te la han de conceder los demás, es absolutamente democrática. Ese reconocimiento por parte de los que han estado en sus clases es un reconocimiento de autoridad que tiene que ver con el mérito, no con el escalafón o cosas por el estilo.

En la época de Barcelona,finales de los sesenta, principios de los setenta, los últimos años del franquismo, a punto de la Transición , esa actitud estaba en el ambiente, no podíamos ser resabiados, no teníamos derecho a serlo; hoy mucha gente lo es. Teníamos la oportunidad, incluso el deber, porque algo nuevo estaba a punto de irrumpir. En esa disposición, la mirada inocente era la que correspondía, mientras que la mirada resabiada, por ejemplo, de algún profesor, era la mirada de lo viejo, del que cree que está de vuelta y que en el fondo se iba a quedar descolgado.

En ese sentido, las generaciones posteriores han arrastrado un peculiar déficit, lo que llamaría el piterpanismo, una generación, a la que nosotros pertenecemos, a la que le ha costado asumir su lugar, lo digo con la boca pequeña, y que por eso tampoco ha sabido darse cuenta de la responsabilidad que significaba que los demás te reconocieran un poquito de autoridad.

P. ¿Está de acuerdo con esta visión de aquel momento?

E. LL. Hace 20 años que estoy alejado de la práctica universitaria, lo que ha sido mi vida. Es cierto que teníamos algo esperanzador, todos estábamos contra aquella universidad del régimen con el que no estábamos de acuerdo, esperábamos algo. Estábamos en una dictadura, en un ambiente asfixiante, y sin embargo nunca he sentido más libertad que en aquellos años de La Laguna y del patio de la Universidad de Barcelona donde latía la vida.

En los 11 años que estuve en Barcelona descubrí lo que realmente era vivir, la vida de un profesor universitario, la de intentar transmitir también la esperanza que todos sentíamos de que aquello acabaría en algún momento, como así fue. En el fondo, la filosofía tenía que ver con conceptos esenciales como la justicia, el bien, la sabiduría, la comunicación y la palabra. Estar intentando tocar a través de la filosofía esos grandes conceptos y que pudiera modernizar, esperanzar un eco para un futuro que estaba llegando era mi función como profesor, aunque entonces no fuera consciente de ello.

Ahora estamos desesperanzados; entonces luchábamos para algo y contra algo desde nuestro pequeño espacio, desde el mío como profesor y el de aquellos alumnos que gritaban contra el franquismo desde el patio de la Universidad de Barcelona. Era algo que nos unía.

M. C. El piterpanismo marca una diferencia entre una generación y las otras en la práctica en la que se expresaba. El piterpanista no se reconoce como el padre; como mucho, como el hermano mayor que usted decía, el colega de los alumnos. Esa actitud, que se prolongó demasiado tiempo por parte de las generaciones posteriores porque lo inauguraban todo, la democracia, el gobierno de izquierdas, vivían en excitación permanente… creo que hizo que no pudieran o no quisieran asumir su papel de la manera que usted sí pudo asumir.

Estoy pensando en lo que decía Hannah Arendt : “¿Cuál es la función del educador? El educador es la correa de transmisión de la herencia recibida”. La herencia llega, se ve, se examina, se critica, se mejora, se limpia y se traspasa a las siguientes generaciones en las mejores condiciones. Es lo que usted hacía. Nos hablaba de Platón, pero nos aclaraba que no era ese Platón del que nos hablaron, sino otro, el que él veía o el que podía servir. Asumía la tradición explícitamente, la trabajaba y la transmitía.

Las siguientes generaciones no se han atrevido a hacerlo. El concepto tradición era como el de autoridad. Un hándicap que nos ha lastrado durante mucho tiempo ha sido el miedo a algunas palabras como tradición o autoridad, hay que reconsiderar lo que quiere decir tradición y a continuación reivindicarlo.

La autoridad se la gana uno mismo, enseñando cómo es él en la manera de entender la materia que quiere transmitir”

E. Lledó

En ese sentido creo que don Emilio pudo asumir ese papel de una forma plena, con todas sus consecuencias, mientras que las generaciones posteriores han estado dudando.

P. ¿Qué consecuencias ha tenido?

E. LL. También había una especie de sinceridad, de naturalidad. Yo pude ser catedrático en aquella época franquista y para mí fue una enorme sorpresa en el sentido más hondo, feliz y alegre porque en esa profesión se realizaba algo de lo que yo tenía, de lo que yo sentía. Mi manera de entender la filosofía y transmitirla era también mi yo, y me parecía que en esas clases —puede parecer un poco narcisista, pero no lo es— mi trabajo era importante y es lo que provocaba esa apertura, esa inocencia, ese no tener excesivos prejuicios aunque tenía el maravilloso prejuicio de ser quien era. Si eres quien eres, esa quienidad, valga la expresión [risas], se tiene que transmitir.

En esa quienidad —¡Dios, qué palabra! Me van a echar de la Academia— se transmitía una buena voluntad, sin la menor duda, el querer algo que brota de algo que tú tienes, que no es del todo malo sino bueno, y además esa transmisión es bondad.

Quisiera añadir algo sobre la memoria viva. Todos somos lo que hemos sido —por eso hay que seguir insistiendo en la memoria histórica, los defensores del olvido acaban en el alzhéimer colectivo más feroz e inaceptable—, la memoria es lo que hemos sido, lo que hemos aprendido, lo que consciente o inconscientemente ha ido posándose en nuestro ser, es lo que nos constituye. Estar siempre presente siendo desde lo que hemos sido, siendo en lo que hemos sido o siendo hasta para lo que hemos sido, la memoria viva, vivir esa memoria, revivir esa memoria.

Yo revivía a Platón, a Kant, a Sartre, a Nietzsche o a quien se me pusiera por delante que yo hubiera estudiado bien. La misión de un profesor es revivir: lo dices tú, lo enseñas tú y lo haces palabra tú. La palabra está mojada, digo muchas veces que nacemos en una lengua materna y que somos una lengua matriz, estamos montados en nuestro matricismo.

P. Decían que buscaban una esperanza. Don Emilio vivió la guerra, Manuel no; los dos vivieron el franquismo. ¿Cuál era la esperanza de cada uno de ustedes? ¿Cómo se ha ido constituyendo la esperanza, en decepción o en otra esperanza diferente?

La autoridad te la han de conceder los demás, es un reconocimiento absolutamente democrático”

M. Cruz

E. LL.Tuve la desgracia de vivir la Guerra Civil , de saber lo que es, de haber visto la muerte, cuerpos destrozados en bombardeos. Mi padre era militar en Vicálvaro; algunas veces me trajo a Madrid y recuerdo esas imágenes desde niño, he visto que la sangre mancha, que la pólvora huele; he sentido la destrucción real después de caer una bomba y no se olvida jamás.

Tengo clarísimas las imágenes de la Guerra Civil y es una suerte poder evocarlas y referirme a ellas porque es una experiencia única haber vivido los horrores de nuestra guerra. Ahí descubrí que tenía que buscar algo que no fuera aquella violencia y que se pareciera más a aquella escuela pública de Vicálvaro con don Francisco López Sánchez.

En aquella atmósfera de inseguridad, muerte y asesinatos, y no digamos en la del hambre real de la posguerra, cuando expulsaron a mi padre del ejército, y que duró casi 10 años, teníamos que esperar un país donde aquello no fuera posible, donde esa miseria mental que procuraban inocu­larnos y la material por la ausencia de comida no se repitiera jamás.

P. El franquismo. ¿Qué supuso esa ­época para vosotros? ¿Qué herida dejó en este país?

E. LL. Era una herida estimuladora, no infectada, queríamos curarla de verdad. Si hubiera seguido aquí, habría sido distinto. Cuando llegué a Heidelberg sólo estábamos dos o tres españoles allí, fue un poco antes de la gran oleada de trabajadores españoles que salieron, sobre todo andaluces.

Me parece injusto cuando hablan de la pereza andaluza: se fueron a Alemania huyendo del hambre. Una de las grandes esperanzas que quedan y que tenemos que revisar es esa idea de los topicazos que coagulan nuestra mente y que nos impiden pensar. Tiene que ver con la educación y con lo que hablábamos antes. Yo no pensaba que como profesor pudiera servir para algo. Ese para algo era para esperanzarse o para esperancearse —van a acabar echándome de la Academia—, una cosa es esperar y otra esperancear. La esperanza era algo lleno de interés, de conocimiento y sobre todo de afecto, pasión, deseo porque este país fuera distinto del que estábamos viviendo.

 

Plató, a cops d'escombra

Joana Bonet signa un article d'opinió a La Vanguardia del dia 25 de novembre de 2013 que reivindica el paper de la filosofia en el batxillerat i considera que negar el seu paper és tan vandàlic com negar la importància de les matemàtiques. En front del pensament uniforme, la filosofia ajuda al pensament lliure just quan l'adolescent s'obre al pensament adult ple d'interrogants:

Cau la filosofia del batxillerat després d’un estira i arronsa polític en el qual alguns partits demanaven rebaixar el pes del llatí a favor de les matemàtiques. Al final, per algun costat calia cedir, i la pobra desgraciada ha resultat ser la història de la filosofia. Ni més ni menys. Plató, Kant, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche i els seus amics. El simple resum, un parell de classes a la setmana, sobre segles de dubtes, indagacions i troballes sobre el que ens envolta i el que ens conforma; el llegat de la saviesa des de les llargues barbes presocràtiques fins a la lucidesa d’un Jürgen Habermas o una Martha Nussbaum, o dels nostres Savater i Gomà. Recordem les paraules d’Adorno: “Perquè no serveix per a res, no és encara caduca la filosofia”. És una ingenuïtat que la política, i la Lomce -però també la mentalitat mainstream-, pugui ser capaç d’entendre aquest enunciat. I és un seriós símptoma de retrocés intel·lectual que això passi quan mesurar la importància de les coses i les persones per la seva utilitat ens ha enfangat fins al coll. Tot i així, entre la impaciència i la precarietat no hi ha format llarg que pervisqui en aquests temps numèrics. Les idees tan sols cotitzen per la seva rendibilitat. Els verbs tombats: discórrer, contemplar, poetitzar, són patrimoni d’ociosos, vells o il·luminats; mentre que els ben plantats: actuar, emprendre, multiplicar… enarboren la idea del triomf.

El pensament, doncs, es deprecia en el currículum acadèmic. Era un accessori bonic, gairebé una excentricitat. Just quan en molts consells d’administració dels euros se’n diu moniatos. De res no han servit les firmes de 10.000 filòsofs, ni l’oposició d’alguns diputats en defensa d’una de les assignatures que, ben ensenyada, és capaç de sacsejar la ment del jove batxiller just quan s’obre pas al món adult amb una maleta proveïda d’interrogants. L’enfrontament entre matemàtiques, llatí i filosofia sembla pervers. Perquè per adaptar-se a sobreviure, per detectar les reaccions que sorgeixen d’una acció i poder modular-les, cal conjugar el verb pensar, que ha estat foragitat. Ortega y Gasset escrivia a El Espectador que Velázquez despatxava els déus “a cops d’escombra”. I argumentava que la negació dels déus equival a dir que les coses, a part de matèria, no tenen aroma i sentit. Que no tenen un sentit superior. “Ha preparat el camí per a la nostra edat, exempta de déus; edat administrativa en què, en comptes de Dionís, parlem de l’alcoholisme”. Boutades a banda, Ortega identificava la deriva burocràtica que agafava Occident, i que la hipermodernitat ha portat al paroxisme. No fos cas que als nostres joves els escometi el vici de raonar. Potser falten encara uns anys perquè acordem que plomar el batxillerat de la filosofia és un acte tan vandàlic com suprimir les matemàtiques.

Llegir filosòficament

Deia Machado que "la poesía és la palabra esencial en el tiempo", i Joan Maragall va escriure que "poesia és l'art de la paraula, entenent per Art la Bellesa passada a través de l'home, i per Bellesa la revelació de l'essència per la forma. Forma vull dir l'empremta que en la matèria de les coses ha deixat el ritme creador. Perquè, consistint la creació en l'esforç diví a través del caos, en l'essència de l'esforç està el ritme, o sia alternació d'acció i repòs. Així el trobem en el moure's les onades en la mar, i en el petrificat oneig de les muntanyes; en la disposició de les branques en el tronc, i en l'obrir-se de les fulles; en els cristalls de les pedres precioses, i els membres de tot cos animal; en l'udol del vent i el de les bèsties, i en el plor de l'home". La cita de Maragall, recollida del seu "Elogi de la paraula", a més de profundament poètica transmet una visió filosòfica i poètica de la realitat. Ja veureu que, en cert sentit, la filosofia està relacionada amb la poesia, així que us proposo una sèrie de cites per tal que, plegats, mirem d'esbrinar què és allò que diuen i de quina manera ho diuen... Sense oblidar qui ho diu:

Schlegel: La vida és un conversa interminable.

Oscar Wilde: En aquest món només existeixen dues tragèdies. Una és no aconseguir allò que es vol i l'altra és aconseguir-lo.

Antoine de Saint-Exupery: Els adults mai comprenen res per si mateixos i per als nens es esgotador haver d'explicar-les cada vegada i per sempre les coses.

John Kenneth Galbraith: Entre tenir que canviar els nostres punts de vista o demostrar que no és precís fer-ho, la majoria de nosaltres, irremediablement, ens esforcem per la demostració.

Henry David Thoreau: No hi ha ningú tan equivocat com aquell que es passa la major part de la vida guanyant-se la vida.

Susan Ertz: Milions de persones que anhelen la immortalitat no saben què fer en una tarda plujosa de diumenge.

Bertrand Russell: Un dels símptomes de la proximitat d'un atac de nervis és la impressió que el treball d'un és extremadament important.

George Horace Lorimer: És bo tenir diners i les coses que els diners poden comprar, però també és bo fer recompte de tant en tant i assegurar-se que no s'han perdut les coses que els diners no poden comprar.

Lenny Bruce: Allò que és, és, i allò que ha de ser és una maleïda mentida.

Robert Jones Burdette:No és l'experiència del dia d'avui allò que torna bojos als homes. És el remordiment per alguna cosa que va passar ahir i la por al que pugui passar demà.

Doug King: Aprengui a aturar-se o no li succeirà res que valgui la pena.

 

 

Observar filosòficament

 

Seguidament teniu unes quantes ocasions per descobrir què és això de pensar filosòficament a partir d'un conjunt d'imatges.

El Guernika de Picasso segons Lena Gieseke:

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 Els paisatges del fotògraf Carl Warner:

 Carl Warner_Paisatges fets amb menjar

 

Paisatges de sorra fets per Ilana Yahav:

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 Pintura al carrer en 3D realitzada per Julian Beever:

Julian Beever_Swim  

 

Ocasions per filosofar

A continuació us presento una sèrie de propostes que tenen  la intenció d'estimular la vostra capacitat de filosofar.

BuhoZaira

 

1. Què us suggereix el mussol creat per una antiga alumna, Zaira Granado, al voltant de la pregunta "Què és la filosofia?"

Per què penseu que va utilitzar la figura d'un mussol? Dit d'una altra manera, quina relació hi pot haver entre un mussol i la filosofia. Us diré que podeu fer referència a la mitologia relacionant el mussol amb la deessa grega Atenea. També podeu tractar de buscar indicis en l'anatomia de l'animal i en la seva forma de vida...

A més, us demano que tracteu de descriure els diferents elements que formen la figura del mussol, i que intenteu establir alguna relació entre allò que poden simbolitzar i la part del cos que ocupen.

 

emoticons

2. Podeu indicar com us sentiu a partir dels diferents emoticons que us proposo?

De vegades una imatge val més que mil paraules. Tots ens hem vist de vegades incapaços d'explicar com ens sentim perquè les paraules no eren suficients... Així que buscarem un sistema alternatiu: es tracta de descriure el vostre estat d'ànim, d'explicar com us sentiu i de justificar, després, per què... Però ho farem utilitzant un emoticó.

Si dibuixéssiu el vostre propi emoticó, quins trets ressaltaríeu? Quina importància tindrien els ulls i la boca? Afegiríeu algun detall diferent? Quin?

Per cert, podem fer quelcom per canviar aquest estat d'ànim? Per què de vegades és tan difícil canviar aquest estat i, de vegades, es tan fàcil? Podeu posar alguns exemples?

 3. Llegiu aquest fragment de Ruben Darío i mireu de continuar la història.

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.

--Eres bella.
--Lo soy --dijo la rosa.
--Bella y feliz --prosiguió el diablo--. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero...
--¿Pero?
--No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco...

Si voleu saber com continua seleccioneu el text ocult següent:

La rosa entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.

--Padre --dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza--, ¿queréis hacerme útil? --Sea, hija mía --contestó el Señor, sonriendo.

Y entonces vio el mundo la primera col.

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